Lógica Aplastante

La otra cara de las fiestas

Redacción 24 diciembre 2012 Opinión No hay comentarios
Alicia Peressutti

Alicia Peressutti

Alicia Peressutti

“Lorena, te debe quedar hermoso un negro azulado”. Ella me miró hondo como los cañadones que corrían en mi infancia y asintió despacio. Después se levantó y buscó la lapicera de oferta y un papel cualquiera, y casi susurró “¿Querés que hagamos la lista del súper para navidad?”. Sin desviar esos ojos negros -que alguna vez deben haber brillado como carbones encendidos y hoy están casi muertos- siguió “Ya sé nada de alcohol”, entonces salí al cruce antes que la angustia le nublara más el alma: “No lo necesitamos para celebrar, lo único que necesitamos es estar juntos”.

Mientras ella anotaba: 2 pan dulces, 2 turrones… Pensé en las otras chicas, en las miles de víctimas que no han corrido la suerte de Lorena, de María, de Cinthia, de Luisa o de Nathy (si acaso es correcto llamarla suerte) y que van a pasar las “Fiestas” entre cuatro paredes que son una sucursal del infierno y, como dice Arjona, donde no hay ventanas. Pensé en los miles de esclavos y esclavas, en los talleres clandestinos, en los campos, en los prostíbulos, en tantos otros lugares que la mafia va encontrando a diario para chuparles el néctar de la vida, para arrancarles todo vestigio de humanidad. Esclavos y esclavas que a diario, para sobrevivir, van olvidando su condición de personas para transformarse en perros que le festejan al amo, aún cuando el amo es un demonio que tortura, golpea y mata.

Qué paradoja, hace unos meses una chica pudo salir porque se murió su única hijita. Entonces la mafia se quedó sin nada para extorsionarla -el horror de los horrores-, la muerte de la niña le significó el pase a la libertad, quizás la única oportunidad de romper las cadenas. Entonces le dejaron la puerta semiabierta como para que nos creyéramos la mentira de que la estábamos ayudando.

“Lorena, te debe quedar hermoso un negro azulado”, le digo sin decir que hay que ir borrando las marcas de la esclavitud porque a esta sociedad le repugnan los esclavos. Entonces, la única manera de poder encontrar “un trabajo” es esconder el pasado, el sufrimiento, el dolor. Una vez, un cura que nos ayudó exclamó “Los cristianos le seguimos cerrando la puerta a Cristo”, entonces agregué: “Las víctimas son Cristos rotos que  la gente no quiere ver”.

“Lorena, Els… te va a acompañar a ver un trabajo”. Me faltó decirle “yo ya no puedo porque me reconocen, entonces no te van a dar una sola oportunidad”.

Callan adentro, y deben callar afuera, porque siguen siendo esclavas de un pasado que las condena. Nuestra sociedad prefiere condenar a la víctima para justificar al asesino, al bastardo, al hipócrita que concurre a un prostíbulo a alimentarse del néctar de la vida de las víctimas y que se va pisando fuerte, seguro, arrastrando un pedazo del alma de alguien prendido a la bragueta de su  pantalón.

Suecia penalizó al cliente de trata y prostitución y solo ha tenido unos pocos casos en los últimos años, en Francia las organizaciones están luchando para lograr también la penalización de los clientes, entendiendo que a ahí radica la cuestión.

“Lorena, te debe quedar hermoso un negro azulado”. Tal vez sirva para esconder las marcas del horror que has vivido. Pero el dolor, la bronca y la impotencia que te carcomen las entrañas y a veces te hacen el aire irrespirable no se van Lorena… Nunca se van.

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